miércoles, 22 de enero de 2014

Reindustrializaciones tecnológicas: la fiebre del oro (gris)


En Academic research and industrial innovation, un estudio de la Universidad de Pennsylvania publicado por Edwin Mansfield en 1990 que se ha convertido en un clásico sobre la economía científica, llegó a estimarse que una décima parte de los productos industriales comercializados entre 1975 y 1978 no se habrían producido sin la investigación académica y estimaba el retorno de la inversión en ciencia durante el mismo periodo en un 28 por ciento.

…os países y las regiones también deben tener un criterio ambicioso sobre el tipo de cepa industrial con que desean repoblar su territorio. …

La industria de alta intensidad tecnológica es aquella que produce bienes para el mercado a partir de procesos industriales que exigen porcentajes muy elevados de inversión en investigación y desarrollo. No debe confundirse la industria de alta intensidad tecnológica con la industria digital. Toda la industria digital es de alta intensidad tecnológica, pero no toda la industria de alta intensidad tecnológica es industria digital.

Por ejemplo la intensidad tecnológica de la industria aeroespacial es de 10.2, la de la automoción de 3.5, mientras que la de la industria del cuero es de 0.3. La idea es bien sencilla, hay actividades industriales que consumen una gran cantidad de investigación científica y técnica, consolidando en torno suyo un poderoso entramado de oportunidades profesionales para personal altamente cualificado y generando otros rendimientos positivos para el territorio que van mucho más allá de lo económico.

La episteconomía se interesa mucho por el amplio sistema de conexiones y correspondencias existentes entre lo científico y lo económico, por el análisis de los medios y las condiciones a través de los que el conocimiento intelectual puede transformarse en una poderosa fuente de riqueza económica, con un especial énfasis en los aspectos geográficos y en todo lo relativo al territorio y la localización de las economías del conocimiento.

El Human Genome Project (HGP) es otro de los gigantescos fenómenos episteconómicos del mundo. Fundado en 1990 supuso la integración interdisciplinar de un equipo internacional de biólogos, químicos, físicos, informáticos, ingenieros y matemáticos con el objetivo de determinar la secuencia completa de pares de bases que componen el ADN humano.

El Center for the American Progress, la fundación de estudios del partido demócrata, estimó que con una inversión en el Proyecto Genoma Humano de un 0.005 por ciento del PIB de Estados Unidos durante los quince primeros años del proyecto, sus resultados acabaron produciendo en 2010 un impacto favorable del 5.4 por ciento del PIB estadounidense. Así, mientras se calcula que el esfuerzo financiero necesario para propiciar la revolución genómica ascendió a 3.800 millones del dólares, el retorno fue de 796.000 millones y la creación de 310.000 empleos.

En un sentido lato, la ciencia es el fenómeno económico de mayor impacto que ha conocido la humanidad. Para empezar, su código fuente, el dinero, no es sino es una herramienta de abstracción matemática. Sin ciencia no habría agricultura, ni industria, ni civilización digital. Al final todas nuestras actividades de explotación económica, tanto da que sean primarias, secundarias o terciarias, se acaban reduciendo a un esquema inicial cuya fuente siempre es una innovación intelectual en forma de conocimiento científico. Esta afirmación puede ser corroborada de forma bastante consistente desde la paleoantropología, que es quién mejor puede mostrar que sin scientia la economía humana se reduce a las formas de vida material anteriores al homo sapiens.
Los hechos muestran que en muy pocas partes del mundo se han puesto con seriedad a explotar el filón de las economías científicas y tecnológicas. Casi todos los gobiernos del mundo demuestran concienzudamente, presupuesto tras presupuesto, que consideran la ciencia como un capítulo idóneo para la desinversión.
Lo que ponen de relieve las políticas de descapitalización de la investigación es un tipo de desconocimiento que hunde sus raíces en la ignorancia misma y que vuelve a llamar la atención respecto a unas élites políticas y empresariales peligrosamente desalfabetizadas. La mayoría de las sociedades contemporáneas viven de espaldas al alcance económico de la ciencia de igual modo que en la mayor parte de las sociedades de la prehistoria ignoraban el poder práctico de la rueda. Lamentablemente España no es ninguna excepción sino un buen botón de muestra.

Un somero estudio comparativo de los capítulos relativos a las estrategias de crecimiento territorial de las regiones españolas en el contexto de las economías del conocimiento deja un resumen concluyente: la mayor parte de los stakeholders públicos y privados no va más allá de simples esfuerzos retóricos y de una vacua terminología. Expresión genérica de voluntades y deseos, junto a una grandilocuencia imposible de concretar.

La primera misión es ordenar con rigor las prioridades. Un simple ejemplo de actualidad puede bastar. Con la deuda generada por la radiotelevisión pública valenciana (1.200 millones de euros), se ha construido en el sur de Francia, en Cadarache, la infraestructura internacional Iter.…

La mayoría de los territorios asumen, retóricamente al menos, la prioridad de reindustrializarse y de contar con sistemas consistentes de integración entre la industria y la investigación. Sin embargo existe una gran desorientación respecto a las raíces reales de las oportunidades. Casi ningún territorio ha hecho su propia introspección estratégica para comprobar la forma en que podría introducirse en este suculento mercado.

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